Historia

La dulce Yarita: Un viaje de amor, magia y sabor
​Mi nombre es Yara, y mi historia empieza en Caracas, Venezuela, una ciudad llena de color y alegría. Aunque siempre tuve una mano para la cocina —preparaba tortas para mi familia y amigos—, no fue hasta que llegué a Córdoba, Argentina, que la pastelería se convirtió en mucho más que una pasión: fue mi salvación.
​Los primeros días en esta nueva tierra no fueron fáciles. La tristeza me invadía, y buscaba algo a lo que aferrarme, un «cable a tierra». Empecé a vender donas caseras, un pequeño gesto que, sin saberlo, abriría un nuevo capítulo en mi vida.
​La respuesta de la gente me dio el impulso que necesitaba. Decidí ir más allá y me sumergí de lleno en el mundo de la panadería y pastelería. Hice cursos, aprendí nuevas técnicas y descubrí la magia que se esconde detrás de la harina, el azúcar y la levadura.
​Cada vez que amaso, horneo y decoro, siento que la tristeza se disipa. Es mi refugio, mi lugar seguro. Cada producto de la dulce Yarita —desde un postre dulce hasta una delicia salada— es una pequeña obra de arte. Le pongo un toque de magia, pero sobre todo, le pongo mucho amor.
​Mi mayor alegría es ver cómo mis creaciones despiertan los sentidos de quienes las prueban. Cada bocado es un viaje, un momento de felicidad. La dulce Yarita no es solo una marca; es la prueba de que, incluso en los momentos más difíciles, la pasión puede transformarse en un camino lleno de sabor y esperanza.